Peseta de madera

Noto mi corazón en un puño que aprieta hasta extenuarme entre los bosques de cadavéres que circulan ante mis nerviosos y trapaceros pasos. Corro rumbo las cornisas para saltar sabiendo que no pasarán ni mis suspiros. Casado con la nada y el vacío el dolor me asalta cada mañana como una brizna de esperanza que me indica que todavía estoy vivo no obstante a la madrugada. Destruyéndome contra los ideales contrahechos del olvido sideral en las rotaciones craneales del anillo que regenta el universo y protege los cráteres de mi cabeza. En las huidas allende Plutón cuando expando las estrellas de mi interior y vuelvo a las casas que dejé en otros  mundos siempre hallo las bienvenidas el calor del hogar pero he de regresar al destierro cada despertar. En la luz de los siglos de civilizaciones que no pertenecen a Eideen rebusco las claves para abrir los contenedores de la música que quiebre la atmósfera y se expanda por el universo y en la Vía Láctea. Guardad las lágrimas estrellas por el hombre o bajad e indicad a cada uno su destino y que quede claro que la eternidad no está escrita en papel acuñado. En las soledades del infierno en Gea muerdo el polvo y chillo silenciosamente ¿no me oís? Tampoco yo querré escuchar vuestros lamentos en lo vil del ahora que matáis los grandes genios porque buscan la verdad y a vosotros no os conviene sino preservar la predestinación divina sin que nadie se cuele y que el albedrío cósmico vaya tirando uno por uno a quién sobre al abismo social hasta que desaparezcan y podáis vivir elegidos las gracias de Eideen.

GABRIEL

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