(El Dios monicaco)

En lo corceles que bogaban al viento trayendo desdichas y calamidades el Apocalipsis desplegaba sus redes sobre los que Abajo moraban cortando las repisas que recortaban al hombre sobre la tierra. Y allí en la marisma del tremedal entre barrizales obsoletos que no funcionaban como antorcha iluminadora del camino se agotaban las fórmulas del Dios hecho a medida. Pero despunta entre las sombras la voz de algunos que remontan la cúspide de las estrellas hacia la senda que ha de guiar a los amantes rumbo estratosferas allende el vacío espiritual que aboca a los humanos a un agujero. Un hilo sutil escinde las claridades vencidas por indecentes trasgos terrenales que se afanan en devorar a aquellos que mienten colocando a Dios para su provecho. Y no sabiendo qué hacer la corriente delega la correspondencia y el contacto en altos mandatarios que no son sino asesinos que matan por un pedazo de poder terreno, acaparando lo material y matando con la excusa de ser los que más cerca de Dios están. Y les ríen las gracias mientras Dios recibe canales de presas de presos de Eideen que se fiaron confiándose de los cargos que les llevaron al mal más pecaminoso que es matar a un igual. Y en la noche clara prístinas llamadas a distancia entre los cuerpos de los amantes que se aman separados indicando al Dios del Dioses que no hay concordia entre los hombres y que su sacrificio dará igual si no se cumple el Amor que se profesan ambos y que la venganza será terrible si jamás sus labios posan en la boca del otro condenados por capricho estelar.

GUILLIAN

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