Gore to Silvia

(Mirémonos al espejo). Quizá aún te quiero en algún breve fragmento del día. Pero la oscuridad mastica cada porción que alumbra mi caminar mientras te trato de olvidar. La noche ha caído sobre mi cráneo sepultando la inmediatez innata del sol que acerca a alumbrar mi eliminar de parásitos de amor que me vienen a rondar inmisericordes la rotación sepulcral cuando me querías y yo te amaba hasta extenuar las síntesis de nuestro cariño que repeliste cuando encumbré hacia ti mis manos sedientas por hallar al otro extremo del acantilado tu faz hermosa y divina para fusionar con la mía el rostro de los hijos que advendrían tras el brillo inmaculado que nuestras espaldas dejarían. Tú lo sabes yo no. Te quiero bien lejos tanto que al estirar los dedos sólo encuentre hielo y al abrir los ojos desiertos de arena y escarcha que delimiten en las fronteras del aire que jamás uniremos nuestros ignífugos alientos que no expandirán las verdades de un apego que jamás llegó a ser por la negligencia maldita de aquella que cortó las corrientes tempestuosas de la ternura embalsando en un sueño el bálsamo de unos labios que se querían fundir en un perpetuo fuego más allá de la agonía de un mundo tumefacto que se hunde en la miseria de saberse condenado cuando los mentiras desfilan en hilera, y al no poder vislumbrar en el firmamento del horizonte la certeza que ha de llevarles más allá. Pero tú tenías todo en tu falda y detrás de tu blusa la alegría inconfesa de otear en tu pecho nada más que pureza. La tristeza ha rielado el manto que zurcía cosiendo nuestras dos manos hacia el futuro de una mágica incerteza. Seremos campos de nieve y desérticos arenales agrietados No crecerán campos ni florecerán pastos Los animales que nos prometía el viento ¡Oh Dios han muerto! Y la hierba que debía regar tu lluvia bendita se seca sedienta La poesía se ha trocado en desdicha Y dónde tenían que estar nuestros cuerpos troquelados sólo quedan exánimes suspiros que ya los va tragando el hueco que queda entre tú y yo en las distancias arborescentes de una nada que devora los vacíos circundados que han separado por siempre tus besos de los míos. Mi esposa traicionera como un puñal ha desgarrado la tela que habría de unirnos aquí y llevarnos después al otro lado. Una gota de agua plomiza vierten mis pupilas Pero no te engañes querida No es por ti Sólo es resina Y en ella se desploman los vástagos que soñé cuando tú me diste las esperanzas que ahora han muerto atrapadas en una tela de araña. La neblina se desgasta y lo nuestro se degüella contra un punzón de hirientes amaneceres que se suceden ya sabiendo que ni fuiste ni serás mía jamás. Y no quiero sino despertar de esta pesadilla y no hallar restos que indiquen que te pude tener y que quizá en las branquias de Idilia puedas aún ser para mí. He alargado demasiado las veredas de este poema para señalar en lo alto que cuando suena mi corazón porque tú lo llamas lo achaco a un inminente ataque cardíaco ¡No llames más! ¡O moriré arruinado a no saber nunca que hubiera pasado si tú en aquel vórtice no me hubieras esquivado! La ceniza me cubre y tú radiante te ríes No reirás tanto cuando extirpe de mí todas las jornadas que llevo pensando en ti. Que el abanico que nos separa avente más los lindes que nos apartan y si ha de brotar algo de lo nuestro que sea un manantial de lágrimas.

GABRIEL

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