El Palacio de Ereskigal y Hermanas

(Hijas pecadoras de Dioses Encarnados en la Forma). En las solitudes del abismo se alza un Reino erigido sobre las rocas más profundas entre extremas soledades pantanosas. Es difícil llegar, está muy lejos casi al otro lado de la galaxia. Allí hay mujeres hermosas descendientes de diosas. A través de puentes construidos con lianas en barrancos escarpados por prados desolados y caminos agrietados más allá de las sombras y los cadalsos esculpido en tierra viva se halla el adusto el Panteón de las Reinas del Infierno. Pero ellas viven allí y todos los días despiertan en sus camas y se visten con ropas anchas y holgadas. Castigadas por su comportamiento contra la especie humana penan atrapadas en los vórtices de las rejas que las apresan por las muñecas sin esperar a dos héroes que vengan y las rediman. Y en los albores vespertinos del laberinto se adentran los caminos hacia conclusiones exactas en las infancias de las Reinas para que pasen sin demora al otro lado del acantilado y puedan ser otra vez desde niñas manantiales donde procrean las estrellas paridas y que se desviaron por practicar un pernicioso mal contra el hombre, que se desplegaba numeroso sepultando todas las formas arcaicas. Y allende las cornisas predispuestas para que nadie pueda traspasar ni encontrar las salidas a las condenas impuestas a los atentados contra humanos se alza el bastión inmaculado por debajo de la falda de las doncellas hasta que llegan, despeñándose por las ventanas del palacio dos amantes memorables que indican que hay esperanza para todas, y que Ellas serán con garantías en lo eterno si cumplen las normas que proponen estos dos visitantes que vienen enviados por el Amor a las hijas desviadas para que la redención expíe las culpas practicadas en el Abajo cuando eran con la materia las asesinas de una sangre remitida para prolongar la forma divina que desbordó desequilibrando su entelequia enfilada en sus almas y sólo hicieron el mal. Y ahora mi amigo y yo prestos nos preparamos para despertarlas con músicas extrañas y vestirlas con los colores de la cosmicidad para que puedan volar escapando de la celda mortal y lleguen a dónde sus orígenes se alteraron para que sean lo que ya eran: Reinas del Paraíso Firmamental.

GABRIEL

 

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