Santos con legañas

Un grito surca las capas indivisas del aire atravesando las corrientes aéreas buscando diluirse en los valles desolados como si nunca se hubiere proferido. Pero alaridos parten pechos reventando los corazones como desgracias cuyo único amor ya es el dolor. Guturales temerosos repletos de terror surgen de los pechos miedo y horror en un valle de condenados aprisionados en cuerpos que no pueden volar escapando sus espíritus hacia latitudes elevadas sino como almas sufriendo arrastrando la osamenta que repta en dirección siniestra hacia una luz confusa que el sol tergiversa en una voluntad representativa ocultando con trabas que los verdaderos caminos empiezan cuando los párpados se cierran. Músicas extrañas nos hacen danzar en la senda que va a ningún lugar en las noches de los tiempos de millones de eones mientras aceptamos lo que vemos y ya está y damos por sentado que eso es lo que es. ¿Qué traerá el mañana cuando en ceniza o cajas la descomposición roa también nuestra alma que no está preparada para trascender? Cuando cambie de color la rotación esférica estelar de los astros y el sol decaiga sobre la tumba de Eideen, ¿qué será de nosotros?

APOLONIO GUILLIAN

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