Infanticida Wilde o El ocaso de los ídolos 3#

Oh amigo cuánto he aprendido de ti sobre todo saber que si eres de familia bien te publicarán escribas lo que escribas, pero tú escribías bien, y aún así eras celoso criticando a escritores del pueblo como Dickens al cual nadie le había regalado nada y había surgido desde lo más bajo con esfuerzo: que si el diseño de personajes que si esto o lo otro decías, mientras seducías a un joven que todavía no lo tenía claro para meterle por el culo tu pilila. Pero no te parabas ahí, según decías eras católico porque se podía pecar a espuertas sin condena. Y atacabas a Swinburne llamándole predicador de los vicios que no practicante (murió alcoholizado) y que no soportaba el peso del lauramiento. Envidia cochina hijo de papá: mientras Dickens reflejaba la realidad de la calle y la podredumbre londinense tú te centrabas en la nobleza, y aún a día de hoy te veneran los de la clase media como si a la alta pertenecieran. Magnífico Dorian Grey, unas cosas no quitan otras, pero también tú estás al abasto de las críticas, en este caso de la mía; jamás me iría de fiesta contigo ni cogería una borrachera: no sea que por la noche, mientras duerma la melona, entres a mi cuarto y me sobes la entrepierna. Donde las dan las toman tu trabajo es bueno pero tú un creído de mierda.

APOLONIO GUILLIAN

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