Correspondencia de amores que nunca mueren

En el silencio de la noche patino descalzo desnudo con los pies llenos de inmundicia calado de frío tapado con una sábana tiritando… Llamo a tu casa oh ábreme la puerta Olga… Como antaño cuando a cada oscurecer te buscaba en las fibras oníricas tachonado con clavos a la pared… Pero Ella ya no está voló del nido hacia Barcelona… Pero!! Ahí regresa noto su presencia y me dice armoniosa: “Ven a mi hogar siempre que quieras”.

AP

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