Quemando goma

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Oh cansancio que aguarda al amor en la sucesión de estaciones desde la primavera al invierno. Me he casado con la nada cruel esperando el cupo de los besos que desbordara mi boca en el apareamiento de lenguas mojadas deslizándose una con otra en una verdad arborescente los idilios de los cariños verdaderos completando los deseos inmaculados del cortejo cuando de corazón he amado. Pero Gabriel se ha deslizado entre besos fáciles bajo bolas de cristal luminiscentes en los parkings de las discos, cercando a rameras en las carreteras en los pisos y en los clubes acumulando miseria tras miseria. En la orgía de los años 90 y bien entrado el 2000 un ángel infame harto de humedad fácil ante los desplantes cuando enamorado sin tener paciencia se ha resarcido de forma cruel avasallando comisuras y pechos nalgas y vaginas no buscando el perdón sino acometiendo y perpetuando las faltas sin querer redención al borde perder el Retorno como el Fornicador. He gestado medias costillas y vientres de serpientes en muchas y cuando la luz de mi interior salía ante una hembra que valía la pena todo acababa en descalabre y desastre. No he tenido paciencia. Tantos amores que he dejado colgados en un palo a la deriva ya con mis dedos entre sus bragas de encaje por miedo a enamorarme y cuantas incisiones repiqueteando candentes en tantas otras, oh Señora del Dolor no tengas de mí compasión, que me importaban una mierda. En la las grietas de mi alma súcubos y fantasmas se deslizan macabros en los recuerdos empapados de salinidades y en los fracasos cuando era cierto el cuerpo querido entre mis brazos. Se ceba en mí la cornisa de los despeñes al acantilado en la sombra del amanecer espasmódico y lanzarme tras de ellos cuando Lucifer burlándose me dice: “Qué los quieres todos o ninguno?” Y yo sin saber qué hacer desfasado ya de tanto fémino cabello mis atentados contra el bello sexo me dispongo a arrojarme pretendiendo en el horizonte que remonta la oscuridad lavar mis pecados sin una mujer olvidando en la desmemoria de eones que yo fui un depredador pero también amé… “Rememora Gabriel”, me dice un ángel celeste todavía amigo: “Helena, Olga, Nagisa, Isabel, Silvia, Lisa…. y tantas otras que aún te quieren”. Y yo con lágrimas en los ojos en los que se perlan sus rostros le digo: “¿Y qué hay de las otras? ¿Acaso no sentían? Vete presencia divina” y el ángel viendo lo que va pasar espeta: “Dales a esas un puñal y que lo claven en tu pecho si es venganza lo que reclaman”: Yo digo: “Va Miguel ahorrémonos los trámites y que sea lo que ha de ser”. Y como un nefasto augurio presagio de auroras concupiscentes me lanzo al barranco entre las risotadas del Diablo.

APOLONIO GUILLIAN

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