Mi cabello en sus manos

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Ha vuelto ha suceder el brillo chispeante en los ojos que me miraban alegres y contentos el reencuentro en la estación de Xátiva mientras leía la Biblia y escribía poemas charlando absorto con Safo de Lesbos. El mundo se ha detenido en cuatro minutos que partía el tren para Valencia y Ella tenía que cogerlo cuando yo hacía tiempo para que diera la hora de entrar en la clínica para un examen médico para mi trabajo. Agachado hacia Isaías, lo habré leído quince veces, y aún sin enterarme al cien por cien desgranaba los hilos hipócritas que tejen las sociedades actuales cuando una voz me habló. Era Isabel uno de los amores de mi vida que tanto amé y ella a mí cuando jóvenes estudiábamos en la universidad yo audiovisuales y ella telecomunicaciones. Fuimos grandes amantes entre libros fiestas y porros. Ella era la mejor de todas y fue para mí pero ya rozando su silueta con mis uñas mis labios en sus comisuras la dejé marchar porque la quería en demasía y ella lo sabía. Como dos almas gemelas perdidas sin rumbo íbamos buscando pareja ella de contorno y faz perfecta yo mal estudiante pero nadador de primera. Quiso el destino guiarnos y dejarnos con la miel en la boca para que nos deseáramos por toda la vida y aún en lo eterno la lucha arriba del zigurat yo su guerrero y ella mi guerrera. Yo drogota de cuidado con un currículo de espanto me daba miedo mancillarla con mis manos hartas de sobar cuerpos de extrañas que engañaba con patrañas así que me deslice por sus costados dejándola plantada completamente de mí enamorada. Yo la amaba tanto que huí abandonando por dos años los estudios y cuando volví ella seguía allí ya acabando como una amiga férrea que pese a aquello jamás me olvidaría. Y hoy la he visto reluciente hermosa como siempre joven fresca liviana etérea en cuatro minutos han destellado nuestras atmósferas y con dos besos nos hemos dicho adiós exclamando casi al unísono en valenciano (nuestra lengua materna): me acuerdo mucho de ti. Y es verdad hasta Safo ha caído en sus redes las maravillas de mujeres luchadoras y amantes que todavía existen en la tierra. Agradable sorpresa ver que pese a los años aún nos gustamos y que el amor que dejamos para otras galaxias será sin duda porque en nuestros corazones en fuego grabado nuestra imagen estampada en islas apartadas y vibrantes en medio de sanguíneos mares que se habrán de colmar sino puede que el Cosmos reviente,y nadie quiere que pase, ¿verdad? Isabel y yo fundidos en una eternidad hasta que se colme en una fisión para siempre nuestras almas entregadas al ideal de rebeldía, porciones de reflejos, nuestros ojos adentrándose en los caminos de inmensidades galácticas dando hijos siderales protegiendo la vida arriba de la pirámide escalonada, ya con tiempo para abrazarnos y sentirnos, condenados a querernos ahora y en la inmortalidad. (Mientras Isaías me decía entre las fibras aéreas: “no eres tan malvado Gabriel” y yo le contestaba: “Me iré con todas ellas y no volveré).

GABRIEL

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