Epitafio sobre un algarrobo decapitado

algarrobo2

Cargué los motores para despegar a otros mundos lejanos de este donde saludar desde lo lejos a mi lugar de origen. Con las maletas llenas de fantasía pretendía escapar hacia otros lares para desplegar todo lo que había recogido en mi tierra natal. Mi cabeza llena de poesía rebosaba las ideas de las dimensiones que yo percibía en mis juegos de infante entre los árboles y los seres que habitaban las inmediaciones de mis cabañas. Y yo corría feliz entre las hojas y las algarrobas construyendo imaginaciones para que volaran al otro extremo de mi valle. Y las noches se sucedían conversando con las estrellas y contándolas y ellas sonrientes titilaban alegres de mi buena ventura. Y era todo hermosura la locura de los colores que sol prodigaba sobre mi rostro embriagado de la luz de los siglos que se advenían en forma de capas que me protegían de caer en tristezas llorosas cuando leía y leía bajo la sombra del algarrobo grandes clásicos de aventuras. La realidad eran aquellas líneas de viajeros que vivían lances y fascinaban a mi mente de infante y la irradiación radiante. Pero no podía ser eternamente niño y caí en las redes de la adolescencia en descalabres que desequilibraron mi tierna aura inocente. Y conocí a los 13 los deleites destructivos de las sustancias nefandas que a día de hoy perduran ya con 41 en la desgracia autodestructiva mientras todo aún me sonríe la eliminación de cuanto aquí vivía y mi maldito destierro que me indica que ya no formo parte de nada.

APOLONI

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