Las “Freundinen” de Gabriel #7

olga

(Olga o Ideal de Adolescencia). En la avenida entre los pinos y las luces de neón muchos en los baños esnifando y se contrajo el acordeón de los olvidos resumiendo los recortes humanos; y ya nada más que existían su rostro enamorado de la vida y sus ojos mirando a los míos como platos en las conexiones del pasado que revivían insomnes en la dilatación de las pupilas que pese a los años y las distancias aún se querían. Y todo reapareció desapareciendo: astros nebulosas constelaciones solitarias estrellas nada más que brillaban nuestros iris encendidos y chispeantes bajo la noche congelada como testigos de la pureza de un amor de leyenda que se aviva y no se apaga en el transcurso de las décadas en juventudes alocadas que pretendían disolver los tiempos y los espacios de las discotecas encarnándose en aquella forma de mujer. En el escenario marchito de los bucles de las fiestas de pueblo algo se ha amarrado en los espejos que reflejan las pestañas abiertas para contemplar si es verdad o mentira que con el corazón amé las desidias que se apartaban de los amigos para ser con ella uno que revistiere de colores el futuro deseando compañía amor e hijos renacidos en su faz de ángel reluciente, alejados de toda podredumbre e infamia. Y el cosmos giró sobre nosotros los universos cerrados dando esperanza al anhelo de las inmaculadas ideales de la concepción de los amores que pasaron sin mancharse en torno a los clavos existenciales del presente de aquel entonces para reencontrarse después de lustros de desmemoria que intentaba apartar aquella cara que enloqueciera sus iris al poeta drogota para que se adentrara sin nada más que flipadas en la vida. Sus rizos ondulados palpitaban bajo la luz lunar buscando al padre que desatara las corrientes centrífugas de la esperanza para dotar de sentido cada curva que contornara su cuerpo bien tratado por el paso de los decenios. Y el momento de hielo cortó absortos en nuestros ojos como en un sueño que todavía nos buscamos pese a las circunstancias. Fue breve pero eterno e intenso el destello en la expectativa que lejos de marchitarse florece como un amor de primavera que nunca morirá ante el cansancio de las piedras entre la brisa imperecedera que se llevará lo que acontece. Oh declarantes del amor en ciernes que no se apague nunca el albor de las juventudes y cuando llegue la hora de envejecer la vuelva a ver de nuevo con esos ojos eternamente jóvenes, eternamente enamorados, eternamente sabedores de que yo la amo.

APOLONIO GABRIEL GUILLIAN

 

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