Todo hombre es una estrella y un guerrero

(Barro y ceniza en el corazón y un astro en ciernes que puja por salir a vivir). Mullida en el silencio de una oscuridad preclara la soledad sin palabras embadurnado de sombras amigas que vienen a abrigar la leyenda que a su pesar esgrime palabras sin cesar. En la densa negrura busco la fatalidad que me lleve a no ver el sol de nuevo mientras gotean los amaneceres como guillotinas astrales mostrando una verdad a la par la mía se disipa en la penumbra del despertar. Y un alarido como un lamento desgarrador abre la jornada en la verticalidad de mi cuerpo vencido para caminar en círculos. En la ultramar de la luz se articulan las cosas que callan  hasta que no me oyen hablar con simpatía maldiciendo mi tediosa agonía.  Se ceba mi cerebro de aire sin poder respirar expirando tan sólo nicotina y alquitrán y dolor en los huesos y las articulaciones y existen los milagros pues aún puedo andar pese a las batallas perdidas de los días en los que nada más que gané sufrimiento y fracaso en el paso de edad a edad, en mi cuerpo machacado que sólo reacciona cuando encuentra trabajo y hay que currar aunque te duela hasta el  hipotálamo. En un clavero de sol amplia la visión de un calvario: son mis sudarios que avanzan penosamente entre la plebe cubriendo mi desnudez con andrajos ocultando mis chillidos horrísonos y sonrío: los árboles se burlan de la ciencia humana y a las montañas les falta gemir de gozo cuando alguien se da cuenta de algunas de las muchas caras que tiene la vida y ve los rostros extraños y preternaturales de las cosas como le miran enamoradas.