Delicatessen de un amor

(Cómo destruir el mundo o Prototipo de demonio o Perfect deformed fantasy). En los posos profundos de la debacle y el desamparo hay una masa pastosa y sangrienta reptando: es tu corazón apuñalado. Tómalo con tus manos y  míralo con tus ojos y elévalo a las estrellas para que ellas puedan ver el trato que te dieron los humanos. Mira a través de Él la imagen de las espinas como corona clavadas en la sien de tus amores perdidos sabiendo que ya jamás serán tuyos y reviéntalo contra el suelo y písalo hasta aplastar las serpientes corrosivas del deseo, que no quede un mugriento anhelo sobre la linfa de las esperanzas de tener sus almas y sus cuerpos. Hazte daño en el cerebro que las ideas dolorosas no se escampen por el éter prodigando que tú también amaste. Que el olvido se escurra entre tus dedos y ponte derecho apuntando a la eternidad vacía de tus besos. Deja correr la ceniza que se desvanece a través de tu osamenta para indicar a las alturas tu intención en las razones quemadas que revientan tu intelecto por querer en demasía y no hallar más que viento. Ábrete el pecho en canal y muestra lo extraviado de las alas de las águilas para que surquen la nada en el impetuoso cieno que te rodea. Haz que las constelaciones lloren de amargura y que derramen sus lágrimas más sagradas. Entonces corre dirección al abismo hasta que te despeñes ardiendo en llamas tu plumaje de ángel. Tuerce las aristas de tu espalda para que ya no apunten a prohibidas y celestes causas. Apaga las corrientes puras de la tierra con tu risa maléfica. Convierte en polvo todo lo que te esfera. Avienta los sueños que te acunaron cuando eras un retoño y estrangula lo que te queda de infante. Entonces descenderán sobre ti las corrientes divinas y no tienes más que escupir al resto que te resta de alma y maldecir a tu amor verdadero hasta que la veas surgir de la penumbra tras tu estela y se precipite contigo abrazándote mientras tú la golpeas la golpeas y la golpeas… y mientras caéis juntos como piedras a lo insondable de la negrura más tétrica no perdonarla jamás y correr el telón como si en tu condena no hubiera nadie más que Ella.