El diario de Patricia

(El diario de Patricia o La tierra arde por despertar y hablar o Romped el hielo con Eideen). En los limbos psíquicos de la mente proliferan ombligos que se creen el centro permanente del universo. En las lagunas muertas del cerebro peces difuntos esperan el latir estacional que ha de añadir el deceso de los fantasmas al imaginario universal. Y rota la ceguedad mirando al sol como los girasoles a la expectativa de hallar los controles parios de los caminos que nos lleven a la eternidad. Hay sombras en el vestíbulo de abajo en el rellano esperando escalar el primer peldaño para morar en las propuestas paradisíacas del más allá mientras es oscuridad toda materia hecha espiritual en los deslices del amor que hace agua por parir un monstruo más. Y hay perlas y diamantes entre el cieno arrojados a los pies de los cerdos para que los pisoteen a la par éstos se lavan las manos. En la ultramar de los focos hundidos se avituallan las desgracias sin visión alguna mientras degluten y excretan inocentes terneras. Vociferan las masas que acalladas se aquietan con pan y circo ante el temblor que sacude las columnas de la creación en la teoría de estar a la diestra de Dios. Y la esperanza es ganar una quiniela aunque pierda tu equipo favorito en casa para dar el pleno y escapar del pueblo llano. En las traiciones a Vestales violadas se cuecen las condenas que la luna anota con consentimiento del aire. Y nada puede escapar a las reglas primordiales que proporcionan amoníaco para sacarle la base. La luz se fuga en el horizonte y la negrura cósmica reviste de gala a los árboles que se tornan terroríficos como el poeta que los saluda instándoles a que nos asusten. Pero el cataclismo invisible no es para esta edad me dicen date por afortunado porque tú eres el que ha visto más: y yo cerrando los ojos con miedo a caminar veo las lágrimas de resina brillar y les digo: ¿Qué más podría haber visto? ¿Hasta cuándo durará? El viento sopla meciendo las copas hace frío y yo desnudo miro a las estrellas y las digo: Todo lo que deseo es morir y regresar o expandir. Y Ellas bostezan y chispas saltan de sus atmósferas y veo a mi aura relucir mientras me bulle la sangre. Y yo encendido en ira espeto: ESTO NO LO HA DE SABER NADIE NO PUEDO DELATARME. Y de la Montaña cual Panteón donde estuvo esculpida la Madre los Lobos sale un camión de átomos hacia mí dándome un sobresalto espantoso en la comunión de mi oblicuidad rota con todo.