El timo de la estampita

(Coca Corte o Pague por una bolsa de basura). En el descafeine del dinero tirado por gramos que no valían un peine estaba la clave de parecer flipado sin estarlo ante el corte que dejaba recuerdos de agujeros en el cerebro glotón que se tragaba lo que le daban. En las cornisas de la sociedad un drogadicto no es nada más sino algo a extirpar pero la gangrena no hace más que avanzar dando al pueblo llano para que se calme sustancias de mala calidad. En el alucine de los estallidos craneales se disertan muchas llaves que bifurcan los estados de euforia que desatan las perolas que hacen que enganche el mantecado y que te suba (para que después te baje) donde pacen los ángeles (al lugar donde los diablos te trenzan el pelo y te hacen la cola). Después de tantas tormentas aún no he aprendido a experimentar como es debido el estado YA alterable del silencio que se cuela entre las motas del éter nutriendo de intereses que más de una aburre al cansancio de colocarse todos los días sin medida. En el crepúsculo de las horas virutas de aire se desprenden en colorines tan rápidos que aunque les digas adiós ya no te oyen. Y hay temblores y frías traspiraciones que congelan congestionando los sudores en el palco del horror donde desde un púlpito predica el dolor. Me he leído tantas veces la tarjeta que siempre es roja expulsándome de las corrientes del hombre para comulgar cabeza con cabeza con las cosas. Hay que estar un poco loco para presentir hadas y gnomos pero hay que estar más loco aún para no ver los demonios caminando. En los filos del odio a la caza futura como un Cazador Espacial (que fui) perseguiré los atentados contra la salud de los yonkis como un profeta vengador a los camellos que venden porquería a precio a de oro sin remordimiento alguno mientras los adictos se mustian  como una flor muerto el corazón con la ilusión de un buen subidón para acercarse a Dios sabiendo que caerán desplomados en brazos del Diablo.