(Cuando los poetas se reafirman). En los submundos que no vemos garras arañan el tul de gasa que nos separa de lo invisible desde un pesadillesco circo al tío vivo dónde los árboles hablan. En las cornisas del sufrimiento con todo dentro de la ficción los poetas agonizan entre las certezas que ven de cerca en la inmovilidad aérea. En la aurora boreal de los destinos infelices y entristecidos se consumen los cantores en mohines decepcionados de la paupérrima realidad que ofrece la vida a los que viven. La mayoría desea morir en los espasmos matutinos que el sol requema sobre la almohada apuntando con una pistola al corazón que regresa de otras galaxias. He visto a tantos morir en desgracia en las penas sin visiones que alegraran momentánea la fiesta de existir. Soy un privilegiado mientras me consumo en el dolor por haber visto tanto en el júbilo estelar en esta breve parada en este lugar. Pero los días se alargan rumbo al acantilado con un bucle que no para de avanzar hacia dos lados: abismo ominoso y nada hambrienta de pecadoras almas. Y hay razones para vivir pero son más las razones de morir en la esperanza renaciente de las cenizas para no tomar forma alguna allende el ciclo de las metamorfosis y ser guiado por la música mágica que embarga todo lo sideral. Pero silencio las horas paralizan a los auténticos poetas como crisálidas gimientes de una creación sin precedentes como pilares de Dios a los que el Cosmos ha escogido para mostrar su devastadora palabra. Llueve sin nubes en los colores primarios solidificándose en degradados y la alegría se fuga más allá del niño con un palo apuntando a las estrellas peregrino de los mundos ¡oh que no sabe que cuando crezca quedará anclado a la tierra hasta que un arrebatamiento como un suspiro le diga adiós a los hombres y hola a los Gnomos desprendiéndose de la calavera!