(Bienvenidas estrellas que ahora nacéis: aquí cabéis). En la lentitud de mi hecatombe la muerte me persigue acompañándome siempre a mi lado. Destruido casi por completo ando por constitución. Camino de una desgracia absoluta  total como si fuera un criminal estelar ensueño la pureza de la luz de las estrellas y que habrá allende los agujeros negros. Tenemos que aceptar que nuestro mundo es primitivo y pensar en mejorar a las próximas generaciones venideras para que evolucionen haciendo filosofía con la naturaleza y las fuerzas cósmicas. Hay leyendas o quizá lo imaginé que dicen que el reino de los cielos con nuestro mundo ha de ser uno. Pero yo fugándome de las diestras de padres me escapo en agujeros de gusano para averiguar de dónde vengo y cuál será mi destino allende esta parada mortal. Huyendo de lo divino y celestial busco las cosmicidades en laberintos angostos con amarguras de espanto para revivir a mi algarrobo y que saque hasta los pañales llenos de mierda a la calle para que se ventilen. El silencio vibra entre las ramas de los árboles gimiendo canciones preternaturales y el cielo tachonado de astros traen la esperanza de existencias mejores que esta y también de empeorar cuando el corazón es una máquina sin bondad resto orgánico que sólo ama lo material. Roña y detrito ya nadie corta el césped del cementerio  y mucho más lejos civilizaciones desarrolladas se lamentan observándonos: por unos pocos no iremos a por ninguno… hasta que una generación victoriosa se levante cual Fénix de las cenizas de hormigón y se arrodille delante de las cuevas.